Obviedad cultural: Patricia Cortez Benfeldt desnuda la cultura guatemalteca

Brenda Lara Markus*

La literatura en Guatemala siendo tan escasa y poco estudiada ha logrado un espacio importante en la literatura universal, aún con todas sus carencias y muy poca producción cuenta con un Premio Nobel De Literatura, Miguel Ángel Asturias[1] en 1967, cosa que hace que su desarrollo sea contradictorio, pues desde esa década el avance ha sido comprensiblemente lento, debemos tomar en cuenta que el país atravesó por un conflicto armado durante treinta y seis años y posterior a la Firma de la Paz en 1996, la dominación militar no ha sido del todo diluida, algo que ha propiciado que el país centroamericano, aparte del hecho de ser periferia y uno de los países con mayor herencia colonizadora, sea parte de los que caminan en la postcolonialidad.

Los críticos latinoamericanos como Walter Mignolo[2] han ahondado en esta corriente para clarificar los acontecimientos y orientar a la literatura. Mignolo (1996) realiza una definición acerca del término “postcolonial”:

“Argumentaré a favor de la razón postcolonial entendida como un grupo diverso de prácticas teóricas que se manifiestan a raíz de las herencias coloniales, en el cruce de la historia moderna europea con las historias contramodernas coloniales.(p.2)

Citando la actualidad en la literatura guatemalteca, varios autores caminan por esta misma senda desde hace ya varios años y en sus obras se han identificado rasgos de ‘aculturación’ y “transculturación”, términos tratados ya por el antropólogo cubano Fernando Ortíz según David Sobrevilla (2001):

“La primera es el proceso por el cual una cultura dominada recibe pasivamente ciertos elementos de otra, por lo que en ella misma se presenta una cierta “deculturación”. En cambio, la “transculturación” es el proceso por el cual una cultura adquiere en forma creativa ciertos elementos de otra, es decir, a través de ciertos fenómenos de “deculturación” y otros de “neoculturación” (p.21).

Debemos aceptar que nuestras culturas y formas de vida nunca podrán salir del todo de los implantes de la colonización, tal vez sea casi imposible la existencia de sociedades sin ninguna mezcla cultural (y de saberse por supuesto que desaparecerían). No se puede desligar el deseo de control y poder de las sociedades del Primer Mundo hacia  cualquier corriente, específicamente Europa y Estados Unidos. Incluso las discusiones de los inicios y finales y los mismos términos se han dado en esos espacios, por críticos de la periferia, pero en el centro. Juan Blanco, filósofo guatemalteco, con una visión más cercana y necesaria para contribuir al estudio de la literatura guatemalteca, incluye no solamente a las ciencias sociales como instrumento de colonialidad, sino también la religión:

“Con las ciencias sociales, lo mismo que con el imaginario cristiano de los primeros siglos de la modernidad, se mantuvo la colonialidad del poder, se cultivó la lógica de la colonialidad. Salir de las mismas es intentar abrirse a lo negado, considerándolos lugares propicios y pertinentes de enunciación y no sólo “objetos” exóticos de estudio.” (p.94)

Es por eso que podemos afirmar que este análisis está siendo realizado desde la periferia de la periferia, aunque no queda realmente claro qué es la periferia y es que en cualquiera de éstas hay rasgos tan comunes con los centros que estos mismos se multiplican. Es posible que la misma palabra ‘periferia’, que es directamente subalternidad, sea solamente la forma de sumisión para no dar importancia a lo que en otras partes sucede o se realiza, haber sido colonizadas las hace imperceptibles e ignoradas en cualquiera de sus expresiones. Los centros no  pueden dar poder a nada que esté bajo su dominio y no consideran válido lo que viene de los “inferiores”.

Por ejemplo: En una entrevista, Dussel hace ver que él inició con el término ‘postmodernismo’ en la filosofía política, que nos lleva generalmente a una influencia sobre cualquier aspecto cultural, pero con un sentido distinto al que luego le dieron autores centroeuropeos:

“<Filosofía de la liberación> del año 1975 en la primer página yo digo “esta es una filosofía postmoderna”, 1976. Pero por posmoderna yo entendía una filosofía más allá de la modernidad, pero los posmodernos europeos -Lyotard, Vattimo y después todos los que siguen- son todavía de la última etapa de la modernidad porque son eurocéntricos. Entonces yo ya no pude seguir hablando de la posmodernidad -que lo dije antes que Lyotard- porque utilizaron la palabra y la quemaron, tuve que decir “transmodernidad” o sea ir más allá de la modernidad.”[3]

Comprender por qué en Latinoamérica es difícil la aceptación del término ‘Postmodernidad’ o “Posmodernidad” es complejo hasta que se lee a Mignolo (1996) y su explicación:

“No iré tan lejos como para proponer lo postcolonial como un nuevo paradigma, sino como para tomarlo como parte de uno aún más grande. Me gustaría Insistir en el hecho de que el “post” en “postcolonial” es notablemente diferente de los otros post de la crítica cultural contemporánea. Iré aún más allá al sugerir que cuando se compara con la razón postmoderna, nos encontramos con dos maneras fundamentales para criticar la modernidad: una, la postcolonial, desde las historias y herencias coloniales; la otra, la postmoderna, desde los límites de la narrativa hegemónica de la historia occidental.” (p.2)

Es posible que sea algo que en Guatemala se trabaja lentamente, pero se hace, y se espera como un aporte a un cambio que signifique renovación, que actualice el pensamiento ya no de forma frustrante sino de aceptación, un aporte que nos lleve a una identidad que contemple la hibridez desde cada espacio, un proceso que no ha sido pleno y satisfactorio, pues para llegar a esto se involucran aspectos como el económico y político.

Otro término utilizados en esta corriente es precisamente ese “hibridez” que, a mi parecer, tiene mucho más peso que los anteriores:

Mestizaje: abarca solamente mezcla racial

Sincretismo: Mezcla solamente movimientos simbólicos tradicionales

Hibridez: Abarca más mezclas, la interculturalidad.

La hibridez contiene las tantas expresiones de cada sociedad para intentar encontrar esa identidad, sin comprender que esa es la riqueza que por la misma colonización no se logra visibilizar en los contextos socioculturales y que ha derivado en racismo y discriminación.

El concepto es propuesto por el teórico Nestor García Canclini[4] (1990), quien ha acuñado el término “hibridación cultural” y define hibridez así:

“abarca diversas mezclas interculturales no sólo las raciales a las que suele limitarse “mestizaje” y porque permite incluir las formas modernas de hibrida­ción mejor que “sincretismo”, fórmula referida casi siempre a fusiones o de movimientos simbólicos tradicionales.” (p.15)

Todos los términos anteriores hacen referencia a una ruptura histórica que ocurre de forma cíclica, todas las etapas llevan a grandes análisis, pero en tiempos actuales, con la globalización y el “quinto poder”, sobre todo con las redes sociales, estas identificaciones se hacen cada vez más difíciles, no solamente en cuanto a forma sino también en tiempo. Hoy los estudios son mucho más rápidos, las tendencias cambian cada poco y por lo tanto la búsqueda de identidad se hace algo así como “desechable”. Algo que en Guatemala, por los acontecimientos recién pasados, en las llamadas “Jornadas de 2015”,  ha sido de mucha mayor confusión para la sociedad, de hecho actualmente se intenta avanzar, mientras que para algunos la necesidad de revivir épocas de conflicto armado también se hace latente por su importancia histórica y la memoria que aún no se ha establecido plenamente, debido a la negación de lo ocurrido. Esta reivindicación es indispensable para dar ese siguiente paso de renovación para poder romper nuevamente paradigmas históricos.

Hay algo importante que hay que ver refiriéndonos a Guatemala. En lo político se está realizando una transacción similar a la ocurrida en 1542 cuando se establecieron las Leyes Nuevas. Martínez Peláez (1994) “…se libraron de quedar como esclavos, pero no pasaron a ser trabajadores libres”(p.79). Hoy el poder legislativo realiza reformas a leyes que perpetúan el poderío capitalista que pretende conservar la herencia económica y de tierras, impuesta desde la colonización, por lo que es importante recordar, que bajo este sistema, la cultura continúa siendo golpeada y amordazada para permanecer estática. Aunque se ha avanzado mucho, podríamos temer que esta lucha que recrudece, traiga de nuevo los prejuicios de aquella época, si es que en algún momento se habían minimizado. Hoy el manejo en este sentido no viene más de países europeos –España- sino desde EEUU.

Y a lo anterior se debe adicionar que el rompimiento de los paradigmas sí avanza en cuanto a géneros, uno de los aspectos más fuertes de resistencia, con lo que se da toda la razón a Cornejo Polar cuando habla de homogeneidad entre grupos pequeños dentro de la hibridez, que también son actitudes poscoloniales si nos basamos en la definición de Mignolo en su ensayo “Herencias coloniales y teorías postcoloniales”, donde se inclina por comprender la cuestión postcolonial como una configuración de la liberación de reglas coloniales y las etapas de la modernidad..

Los anteriores aspectos de sociedad también son parte de la desterritorialización. Lo observamos con los movimientos actuales de homosexuales quienes han realizado su propia literatura y mantienen sus propios espacios, expresiones culturales, etc. y que se apegan a grupos similares de cualquier parte del mundo, sobre todo en cuanto a la lucha por ser respetados, y este es otro de los aspectos culturales que abarca el análisis de esta obra.

Hipocresía cultural: violencia al desnudo

“Me salí de mi cuerpo, casi podía ver la escena, sabiendo que no era yo a quien violaban, sino la imagen de la india en mi cuerpo”[5]

Patricia Cortez Benfeldt es una de las pocas escritoras guatemaltecas que se desliga de la utopía. En su novela Sentirse Desnuda, toca crudamente muchos temas realmente fuertes de la sociedad guatemalteca y su cultura, sobre todo en lo femenino, temas que posiblemente son evadidos u obviados por la mayoría de los escritores en Guatemala, o tal vez solamente son tratados de otras formas más “suaves” o políticamente correctas. Aquí la hipocresía no tiene cabida, estas letras van directo “al grano” con un valor que nos golpea radicalmente en ese conservadurismo implantado y medio aceptado. Los guatemaltecos en las áreas urbanas se creen “cabrones” y resistentes, a su manera, a silencios, a miedos, a pudor hecho a puras mentiras plenamente conscientes.

En esta novela encontramos ese proceso necesario en la decolonización del pensamiento latinoamericano. Aún desde su estilo y estructura y por supuesto de fondo, nos da de golpes y enérgicamente hace un llamado de atención a esa comodidad y esa “obviedad cultural” que nos adormece, especialmente al tema de la mujer y, a pesar de que el libro fue escrito a finales de la década de los noventa, estos aspectos están más vivos que nunca, pero no de manera positiva, sino más merecedores de violencia, incluso, por parte de los mismos colonizados, quienes irónicamente son el mayor freno de esta sociedad.

Esa violencia cultural que pasa a ser de carne y hueso llegando a la misma muerte física y psicológica de los grupos en la marginalidad producto del desacomodo humanitario, tampoco es cosa nueva ni solamente de Guatemala, me atrevería a decir que es parte del equilibrio humano, de no existir no habría procesos, es decir, cada mudanza de cualquier aspecto humano lleva consigo violencia, el mismo proceso del nacimiento la incluye: un parto no es algo que se afronte con completas sonrisas. Aún el proceso de gestación, es un proceso doloroso físicamente al extremo y que solamente es experimentado por las mujeres. Por lo tanto, la violencia en la literatura y sobre todo femenina, es inherente. Gustavo Sánchez Zepeda[6] se refiere al tema en su ensayo Violencia y olvido en la literatura guatemalteca: La percepción de quienes escriben, publicado por la Facultad de Humanidades de la Universidad Rafael Landívar en su Revista Cultura de Guatemala. Sánchez (2014):

“La violencia en la realidad literaria es una transgresión constante, su frontera avanza, y –de Homero a Cervantes; de Shakespeare a Asturias, de Hemmingway a Pilar Gil Escudere-, la violencia en la literatura también lo hace. Los momentos violentos en la literatura muestran mundos posibles y, en ese momento literario en que la violencia se coloca al descubierto, se le transgrede; hay páginas brillantes en tanto transgresoras, de denuncia descarnada, sangrienta y desnuda. La violencia, como tema literario, es límite, transgresora y transgredida en estos sentidos.” (p.109)[7]

En el anterior documento, Cortez Benfeldt fue entrevistada respecto al “olvido” de estos aspectos violentos en la literatura guatemalteca, “en ese trato segmentario y no directo de la violencia, se tiende a “olvidar” o no poner cosas que puedan molestar”. (p.107)[8]

La violencia de todo tipo y la muerte en Sentirse Desnuda está todo el tiempo presente como producto del racismo y ese desacomodo cultural impuesto por la colonialidad. Según Cortez Benfeldt esto ocurre sobre todo en los centros guatemaltecos, no así en periferias:

“Yo les llamo aldeas porque aún en los departamentos son una copia del centro urbano. Por ejemplo Quetzaltenango, Cobán, son metrópolis en crecimiento, se están convirtiendo en centros urbanos que tienen mucha copia de la cultura occidental, son lugares donde la división es un poquito menos clara que en la capital, pero existe, sí existe”[9]

Respecto a la muerte producto de la violencia en esta novela, que a la vez es producto de la visión colonizadora y por ende racista, es un enigma para la narradora protagonista, pues al no comprenderla y al llegar esa dificultad del ser-sin-el-otro (hablando filosóficamente), es decir extrañar a una amiga que, aunque conocía poco le había dado lecciones de vida y seguía dándoselas aún después de muerta, inicia un proceso de querer comprender la muerte de su amiga María. En la novela encontramos algunos párrafos crudos y directos:

“Encontraron al menos dos clases de semen diferentes en su boca, su vagina y su ano. La cara estaba terriblemente golpeada, nadie logró reconocerla. La policía llamó a la casa de los Morín porque encontraron su bolsa cerca con documentos y sus tarjetas de crédito. No encontraron efectivo y los mismos policías asumieron que ella era la ladrona. De cualquier manera era obvio que los que la atacaron no querían robarle, el corte estaba atado sobre su cabeza, cubriéndole el rostro”[10]

El párrafo anterior desnuda uno de los aspectos dominantes más aberrantes sufridos desde la colonización hasta la fecha en países como Guatemala, posiblemente por contar con un mayor porcentaje de población indígena, uno de los más profundamente humanos por instinto y utilizado como dominación de poblaciones enteras: la dominación sexual.

En cuanto a la dominación sexual ha sido utilizada en toda guerra, conflicto y en Guatemala sigue siendo vigente. Es lo que Foucault (1998) analiza en su propuesta teórica del biopoder, que controla los cuerpos y las acciones, hasta las menos visibles o las más normalizadas, lo que conlleva, de inmediato, a ejercer formas estructuradas de control social. Si analizamos psicológicamente al personaje narrador, podríamos concluir que una cuestión como esta provocó que quisiera vivir en carne propia esa violencia cultural muy fuerte que tampoco terminaba de comprender cuando era observadora, ella quiso llegar más allá, transformarse…travestirse.

Travestismo cultural: La pureza fuera de alcance

“En el pueblo comprendí que ser india no es tan solo vestirse como tal. Imposible imitar todo aquello. Me he de ver tan falsa como Hugo con todo y sus prótesis blandas. ¿Existirán los implantes de identidad?”[11]

 Según el Diccionario de la Lengua Española, travestismo es la práctica consistente en la ocultación de la verdadera apariencia de alguien o algo[12] que nos deja abiertas muchas puertas y nos lleva a un análisis de si en realidad ocurre un travestismo cultural o varios en esta novela, ya sea como resistencia (en el caso de María) o como fenomenología (en el caso de la narradora protagonista).

Otra definición es “Aunque el término «travestismo» suele hacer referencia en la mayoría de las ocasiones a una persona transexual que desea expresarse de una manera acorde a la propia identidad de género, el travestismo puede presentarse en personas de diferentes identidades y orientaciones sexuales y englobar en un mismo conjunto a diversas actividades y comportamientos transgénero realizados por diversos motivos, tales como la infiltración, las representaciones dramáticas, el entretenimiento, el transformismo, la adaptación social y como fetichismo sexual. El travestismo y el cross-dressing son temas abordados frecuentemente en varios géneros dramáticos para la representación artística de personajes; cuando una persona adopta por motivos artísticos la actitud y manerismos de un personaje, éste se convierte en transformismo.”[13]

Y no podemos dejar fuera esta definición de Jossiana Arrollo[14] en su libro Travestismos Culturales Literatura y Etnografía en Cuba y Brasil: 

“En este contexto, se introduce el concepto de travestismo cultural ‘‘como estrategia de identicación con el otro [que] surge de los juegos de poder propios de la representación . . . desde la raza”

Desde el momento de nacer, como “lastizos” (ladinos/mestizos)[15] en Guatemala, los sujetos se desarrollan en transculturación constante, pues estando en medio de una occidentalidad  y una cosmovisión maya que se niega a morir, es decir, permanece en resistencia, no podríamos decir que tengan clara una identidad cultural, son producto de la hibridez en la cotidianidad. En este sentido el “travestismo cultural” no se lleva a cabo al 100%, pues no se logran realmente convertir en sujetos “encontrados“ en ninguna cultura. Utilizan modismos, vestuarios, actitudes “prestadas” y hasta sus costumbres van cambiando, son producto de las modas y las tendencias, sin embargo son resistentes a los cambios profundos. Son  intervenidos incluso antes de lograr  pensar “¿quién soy?” Todo esto producto de la colonialidad.

El travestismo podría ser una forma muy compleja, pero a la vez muy humana, pues toda persona en algún momento de su vida lo experimenta de cualquiera de las formas, ya que aunque sea momentáneo y voluntario como en el caso de una representación teatral, es travestismo.

En el caso de la narradora protagonista de Sentirse Desnuda, el travestismo o intento de, pudo darse por lo antes mencionado, tratar de comprender la muerte de María y de los abusos y discriminación de la que fue víctima hasta en el momento de su muerte. Recordemos que son rasgos de la colonialidad que podría verse como “naturales” sin embargo la narradora quiso llegar al fondo, para lo que inconscientemente utilizó un proceso fenomenológico, según la definición de Husserl (2011):

“FENOMENOLOGÍA es un movimiento filosófico basado en una metodología autocrítica para examinar reflexivamente y descubrir la evidencia vivida (los fenómenos, la vivencia) que proporciona un enlace crucial entre nuestra comprensión filosófica y científica del mundo”. (p.21)

Es posible que la narradora no haya querido representar propiamente a María, pero su obsesión era extrema y me lleva a pensar si en realidad ella optó, no solamente por la vestimenta de María sino también formas de caminar, conducirse, vivir, etc. Después de todo era porque conocía un poco de la vida de su amiga, pero demostraba una sed de saber más, llegar al travestismo cultural, lo que me lleva a recordar un pasaje en el libro que narra la construcción del método, del pedagogo teatral, actor y director Constantin Stanislavski[16], que evidentemente utilizaba la fenomenología en la creación de sus personajes. Stanislavski (2013):

“Existía, seguí con mi vida de costumbre, y sin embargo me inhibía de entregarme a ella por completo; algo alteraba mi existencia normal. Parecía partido en dos….Aquella segunda vida que parecía haberse estado desarrollando paralela a la mía de costumbre era una vida secreta, subconsciente. Dentro de ella se había estado expandiendo la tarea de búsqueda de aquel hombre extraño cuyas ropas había encontrado por casualidad.” (p.41)

Todo lo anterior no está precisamente de acuerdo con el punto de vista de la autora, pues ella aduce que para que exista un travestismo cultural es necesario haber vivido toda experiencia cultural original, no solamente el vestuario:

“Ese es el problema cuando se trata de travestirse, que necesita conocer los códigos, necesita conocer los modos, necesita conocer la forma, no solamente el traje. En este país el traje la expone a un tratamiento distinto, eso es muy claro, si usted se va a un restaurante la van a tratar mil veces distinto que como lo tratan tradicionalmente.”[17] 

Sin embargo, en mi opinión, sí hubo un travestismo cultural, pues la narradora vivió en carne propia las experiencias del comportamiento colonizador de las personas en la ciudad; la discriminación, violencia verbal y psicológica, violencia sexual, etc. No necesariamente tuvo las experiencias de infancia o juventud o sabía todos los códigos, aspectos que creo que no serían nunca iguales aún entre personas de la misma raza y viviendo en la misma comunidad, pero encuentro pistas de este travestismo en frases como esta:

“Menos creíble era que yo, una respetable doctora, hubiera pasado más de seis meses disfrazada con la ropa de una mujer muerta.

Me enviaron a un psiquiatra que intentaba encontrarle una explicación lésbica y necrofílica a mi obsesión con María.”[18]

En el caso de María ocurría un travestismo cultural, al ser mestiza era completo y constante. El primero, como producto de la aculturación por parte de su madrastra, como podemos notar en el siguiente párrafo:

“María había negado a su madre sistemáticamente desde que entró a la adolescencia. La esposa de su padre había comenzado con un extraño fervor religioso y le quitó el corte para ponerla a estudiar en un “buen colegio” en la capital. Para ella fue increíble ya no era “la María”, era una persona diferente, con un padre y una madre postiza de buena pinta.”[19]

El segundo signo en María lo observamos directamente en otro de los párrafos que denota también resistencia y cómo se sobrepone la cultura indígena respecto de su vestuario y la descripción cuando recuerda a su abuela en su funeral y lo que decía:

“Vestida con su mejor traje, los bordados enormes de la blusa, la falda de cuatro varas, amarradas a la cintura con faja tejida a mano, su voz cuando le repetía el enorme valor que tenían sus ropas “ninguna de tus amigas ladinitas tiene suficiente para comprarse un traje como este”, se ríe mientras le da la razón, este vestido costó apenas un poco menos de lo que cuestan siempre sus blusas de diario, “Y las ladinas siempre han creído que las indias no tenemos dinero para vestirnos, por eso no usamos estas ropas”[20]

Lo que me lleva al siguiente proceso en María, la transculturación, pues al crecer adopta las costumbres de su esposo, un estadounidense con una suegra que la discrimina constantemente y llega a vivir completamente la vida de su familia política.

Hibridez al desnudo: Todo es un desmadre[21]

Los aspectos culturales que son tocados en una novela tan corta son muchos, si hacemos un repaso rápido y los analizamos por personaje encontramos.

Narradora protagonista: transculturación, travestismo cultural, discriminación.

María: Aculturación, homosexualidad, resistencia, deculturación, transculturación, hibridez.

Madrastra y suegra de María: dominación, discriminación por racismo

Papá de María: dominación

Esposo de María: dominación, homosexualidad

Hugo: Travestismo, bisexualidad

Abuela de María: discriminación

Todos estos aspectos son parte de la hibridez cultural que se vive en Guatemala, un proceso que ha llevado ya varias décadas y que viene de la mano con esa lucha constante que se vive contra la dominación colonial que continúa empujando, no solamente aquí sino en el resto de Centroamérica y en el sur. Esto es visible a partir de los procesos políticos actuales que podrían verse como negativos, pero en realidad, mientras la tierra este siendo removida y aflojada, puede darse un poco más de oportunidad para movimientos culturales y artísticos que, mientras están actuando en lo político, podrían abarcar un buen espacio para lograr una decolonización del pensamiento para posteriormente llegar al proceso de la sanación, o podría ser llevado simultáneamente.

Respecto a esto, en una visita a Guatemala en una entrevista con personal de la Bienal de Arte Paiz, ha opinado Mignolo (2014):

“La sanación –el healing- ya está instalado en varias partes. Está relacionada con la espiritualidad, la cosa afectiva, racionalidad, corporal, progresista. Hay ya un contexto de conversación que debería de extenderse hacia la comprensión de la historia. Si comprendemos como se ha ido fortaleciendo esa herida puede ser más fácil comprender como tomar una posición ante esa estructura de dominio” (p.46)  

Como conclusión puedo aportar que libros como Sentirse Desnuda llevan una carga cultural e importancia muy grande y necesaria para la actual literatura Guatemalteca, desde la forma en la que se ha escrito hasta los temas que abarca.

El margen de aceptación para un libro como este podría ser de utilidad como medición para saber cual es el avance en materia de cultura en Guatemala.

La producción literaria con este grado de franqueza es necesaria y urgente para un avance que permita tocar temas con absoluta naturalidad para ser tratados y mejorados.

Bibliografía

 

  • Michel Foucault (1998). Historia de la sexualidad I. La voluntad del saber. México: Siglo XXI Editores.
  • Herencias coloniales y teorías poscoloniales. Mignolo, Walter. 1996. Nueva Sociedad – Nubes y Tierra / Caracas, Venezuela
  • García Canclini, Néstor. Culturas Híbridas (estrategias para entrar y salir de la modernidad). México, D.F: Grijalbo, 1990, p.15.
  • Martínez Peláez, Severo. La Patria del Criollo. México D.f. Ediciones en Marcha. 1994. 13 ed. P.79
  • Cultura de Guatemala Enfoques humanísticos Cuarta época Facultad de Humanidades La violencia: una aproximación desde las humanidades Editorial Cara Parens Guatemala, 2014
  • La praxis fenomenológica de Husserl Harry P. Reeder 2011 Bogota Colombia Editorialoo San Pablo
  • Stanislavski, Constantin La construcción del personaje2013 Alianza editorial Madrid

 

 

  • Revista TransVisible 19 Bienal de arte Paiz Guatemala 2014
  • Cartografía del pensamiento latinoamericano contemporáneo

Una introducción . Juan Blanco

* Estudiante de Letras y Filosofía en la Universidad Rafael Landívar, actriz y locutora.

[1] Escritor nacido en la ciudad de Guatemala en 1899 y falleció exiliado en Madrid en 1974 después de varios años en Paris, donde fue enterrado.

[2] Semiólogo argentino, nacido en 1941. Se le conoce como una de las figuras centrales del poscolonialismo latinoamericano y como miembro fundador del Grupo modernidad/colonialidad.

[3] Dussel, E. (2003, octubre, 17). E. Dussel explica la teoría: “El Giro Descolononizador”(The Decolonaizing Turn). Archivo de video recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=mI9F73wlMQE

[4] Escritor, antropólogo y crítico cultural argentino nacido en 1939, actualmente reside en México.

[5] Cortez Benfeldt, Thelma Patricia, Sentirse Desnuda, 1999. Guatemala. Editorial de Ciencias Sociales. p.88

[6] Licenciado  en Letras y Filosofía con maestría en Filosofía, ensayista y poeta guatemalteco.

[7] Sánchez Zepeda, Gustavo. Violencia y olvido en la literatura guatemalteca: La percepción de quienes escriben. Revista Cultura de Guatemala. 2014. Guatemala. Editorial Cara Parens.

[8] Idem

[9] Entrevista: P. Cortez Benfeldt (comunicación personal, 19 abril 2015)

[10] Cortez Benfeldt, Thelma Patricia, Sentirse Desnuda, 1999. Guatemala. Editorial de Ciencias Sociales. p.13

[11] Cortez Benfeldt, Thelma Patricia, Sentirse Desnuda, 1999. Guatemala. Editorial de Ciencias Sociales. p.74

[12] Diccionario de la Lengua Española en línea. Consultad en http://dle.rae.es/?id=aXhCzeQ

[13] Wikipedia en línea. Consultado en https://es.wikipedia.org/wiki/Travestismo

[14] Profesora en investigadora de literatura y cultura Latinoamericana en la Universidad de California.

[15] Término de creación colectiva durante una clase de Crítica Literaria en la Licenciatura en Letras y Filosofía con la Dra. Aída Toledo en la Universidad Rafael Landívar, abril 2016.

[16] Actor, director y teórico teatral ruso nacido en 1863 y falleció en 1938.

[17] Entrevista: P. Cortez Benfeldt (comunicación personal, 19 abril 2015)

[18] Cortez Benfeldt, Thelma Patricia, Sentirse Desnuda, 1999. Guatemala. Editorial de Ciencias Sociales. p.89

[19] Cortez Benfeldt, Thelma Patricia, Sentirse Desnuda, 1999. Guatemala. Editorial de Ciencias Sociales. p.34

[20] Cortez Benfeldt, Thelma Patricia, Sentirse Desnuda, 1999. Guatemala. Editorial de Ciencias Sociales. p.4

[21] Forma coloquial guatemalteca y mexicana  que, según el Diccionario de la Lengua Española, significa Acción y efecto de desmadrarse (‖ conducirse sin respeto ni medida). Consultado en http://dle.rae.es/?id=D94jY3O

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